Crisis coral española, por Víctor Gallego

Este pasado fin de semana del 27 y 28 de Abril, se ha celebrado el “I Canto Abierto Ataúlfo Argenta” en Castro Urdiales (Cantabria), como parte del ciclo de actos conmemorativos del centenario del nacimiento del director de Orquesta.

El taller, celebrado en el edificio cultural “La Residencia”, ha estado compuesto por un total de 27 integrantes, bajo la dirección del maestro Javier Busto Sagrado. Durante el día del sábado y un par de horas de la mañana del domingo, hemos tenido la suerte de preparar con Javi una serie de 4 obras para coro mixto, las cuales eran las siguientes:

-Tres nanas cántabras (armonizadas por Javier Busto)

1.-El mi niño tiene sueño, de Roiz (c. 353)
2.-Duérmete, que viene preguntando, de Cabuérniga (c. 349)
3.-El mi niño se ha dormido, de Trasmiera (c. 352)

-Itsasoa laño dago (Herrikoia, arr. Javier Busto)

-Mutil txaleko-gorri (Junkal Guerrero)

-Ubi caritas (Ola Gjeilo)

Como siempre, compartir un taller (bien sea de canto o dirección) con Javi, es toda una aventura, pues nunca sabes por dónde te va a salir. Tanto es así, que hemos tenido unos momentos de risa muy especiales, en los que Javi “interpretaba” distintas facetas que algunos cantores de coro suelen adquirir, y que debemos evitar, tales como ocultarnos tras las partituras o poner caras raras cuando en medio de un concierto notamos que algo sale mal.

Podría contar muchas anécdotas interesantísimas de este taller, pero el motivo de este escrito es precisamente para lanzar una LLAMADA DE SOCORRO a los directores y cantores de coro de nuestro país.

¿Cómo es posible que en un taller de canto tan sólo se inscriban 27 personas? Y, ¿cómo es posible que en un concierto nos encontremos la sala o la Iglesia casi vacía?

Estas preguntas que hago no van referidas a este taller en concreto, sino a todos los talleres y conciertos que se están organizando en España en los últimos años.

En España tenemos el problema de que nos gusta mucho cantar dentro de un coro, pero, ¿ir a un concierto? Y, ¿encima de otro coro? Venga hombre… Pues sí, considero que es muy importante que todos y cada uno de nosotros participemos en tantos cursos como sea posible, y que asistamos a todos los conciertos que nos caigan más o menos cerca, pues además de contribuir a nuestra propia formación, estamos colaborando a que la música coral siga viva y evolucione en España. De lo contrario, cada coro se verá estancado en una serie de dos o tres conciertos anuales a los que sólo asistan familiares y la gente que pasaba por allí.

Puede parecer una tontería, pero estamos pasando por una fase crítica que tenemos que solventar. Yo mismo llevo realizando cursos de canto y dirección por toda España durante estos últimos 5 años, y puedo afirmar con total certeza que la participación de la gente en dichos talleres o seminarios, se ha visto menguada en más de un 50%.

Otra de las cosas que he podido comprobar estos últimos años, es que cuando un coro ofrece un concierto “fuera de su zona”, aunque sea gratuito, apenas asiste público para verlo, aun habiendo en dicho pueblo un elevado número de coros.

El problema es el mismo que planteaba al principio, que nos gusta mucho cantar, pero poco escuchar.

Desde pequeño he pensado que la música está concebida para ser compartida, y al igual que yo, lo han pensado miles de personas siglo tras siglo. Llegados a este punto, la música coral española corre el riesgo de llegar a ser una completa desconocida para nosotros mismos.

¿Cómo puede ser que en España tengamos grandes coros que son más conocidos en Europa que en nuestro propio país?

Sólo puedo decir que tenemos que aprovechar todas las oportunidades que tengamos, pues sólo así podremos hacer que la música coral que tanto amamos perdure y evolucione. Sólo así llegará el día en que demos un concierto a cientos de kilómetros de nuestra casa y la sala esté llena de espectadores. Sólo así conseguiremos crecer como músicos que somos, e incluso como personas.

Estas tan sólo son las reflexiones de un “chaval” de 26 años, o “friki de los coros”, como me llaman mis amigos.

Víctor Gallego Baviano