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Dos días con Josu Elberdin, por Paloma Zarza y Mariano García

Publicado por el 26 February 2014 Sin Comentarios

El fin de semana del 22 y 23 de febrero hemos vivido en el Teatro Juan Prado de Valdemoro, un taller coral para coros infantiles y otro para coros mixtos, ambos organizados por el Coro Encanto de Casarrubuelos y la Escolanía Villa de Valdemoro, en los que hemos contado como director invitado con el compositor Josu Elberdin, gran conocedor del mundo coral y especialista en el ámbito musical infantil.

Comenzábamos a las 10 de la mañana del sábado. Josu, con su forma amable y cercana de dirigirse a ellos, consiguió instantáneamente que casi 70 niños le prestasen atención sin pestañear. Empezó el taller con un calentamiento vocal en forma de “ducha musical” y los pequeños no le perdieron de vista, con ojos grandes, vivos, reproduciendo de forma natural, todas y cada una de las situaciones que él les hacía imaginar, convirtiéndolas en sonido y ejercicios preparatorios para el canto. Ese era el objetivo del juego: calentar la voz y preparar nuestro cuerpo y nuestra mente para todo lo que vendría después.

Media hora después comenzaba el trabajo de repertorio con “Let me fly” (Tradicional americana. Arr. Kirby Shaw), un divertido tema con el que Josu invitaba a los niños a viajar a las calles de New York y convertirse en la más genuina “American people”. Y así lo hicieron, especialmente, las cantantes solistas Mireya y Bea (Encanto) en el momento en que el tema lanza un mensaje muy claro y enriquecedor: “ante la hipocresía y la mentira…lo mejor que puedes hacer es dejarlas pasar”.

Continuó el trabajo con “Cubanita”, obra de la compositora vasca Eva Ugalde. Esta pieza sirvió a Josu para trasladar a los niños a otro ambiente, otro ritmo, otro baile, más caribeño y festivo, sin olvidar en todo momento, las indicaciones vocales que llevasen a la mejor interpretación.

Tras apenas 20 minutos de descanso, continuaron con la canción “Can you hear me” de Bob Chilcott. Josu empleó esta composición para hacer patente a los pequeños la emoción y el sentimiento que se puede transmitir con el canto, si prestamos atención al mensaje y lo hacemos desde el corazón. Acompañados del lenguaje de signos, cantaron la historia de un niño sordomudo que nos pregunta si somos capaces de oír y sentir como lo hace él. Esta canción fue una de sus preferidas y lo demostraron con su forma de interpretarla.

Y por último la canción israelí “Bo yavo haboker” (J. Hadar y B. Schweitzer), con un texto algo más exigente, que los niños no dudaron en repasar durante la comida, hasta afianzarla en su memoria. Josu se lo había puesto como reto y ellos no escatimaron esfuerzos. Con una pequeña pero efectiva coreografía lograron hacer de este tema uno de los más aplaudidos en el concierto final.

Durante toda la jornada, los equipos de ambos coros que acompañamos a los niños fuimos testigos de su interés, de su trabajo. Fue fabuloso ver en todo momento sus caras, luminosas, atentas a Josu, con sus ojos abiertos al máximo, absorbiéndolo todo, sin ser conscientes de la dura jornada que estaban viviendo.

Tras la merienda y el ensayo general, llegó el gran momento del concierto, que se convirtió en una explosión de emociones. Primero actuó cada coro en solitario. La Escolanía Villa de Valdemoro, dirigida por Gema Hidalgo, nos hizo bailar con un original montaje de canciones africanas, con una vistosísima puesta en escena gracias a interesantes coreografías y un vestuario muy colorido. Tras ellos, el Coro Encanto de Casarrubuelos, dirigido por Mariano García, nos deleitó con un variado repertorio que fue desde el mundo Disney hasta un espiritual, pasando por una Cantiga de Alfonso X El Sabio. El momento más curioso se produjo cuando falló la base musical pregrabada como acompañamiento de la canción “For the beauty of the Earth”, y se vieron en la decisión de improvisarla con el director sentado al piano en un lateral del escenario. Mariano preguntó a los cantantes si se sentían preparados para tomar el riesgo y el resultado fue muy satisfactorio, como demostró el público con un ensordecedor aplauso, valorando la valentía y serenidad de los niños ante situaciones imprevistas.

Pero sin duda, el momento culminante de la jornada y del concierto se produjo cuando Josu Elberdin subió al escenario, y los 70 niños dejaron de ser dos agrupaciones para convertirse de nuevo en el gran equipo que habían sido durante todo el taller. Y dirigidos por Josu Elberdin, nos emocionaron a todos con su interpretación de los temas que habían trabajado durante la mañana y la tarde. Fue una absoluta demostración de que la música no tiene edad y sus voces, menudas pero muy grandes en escena, fueron capaces de hacernos vibrar, y a más de un padre, madre, abuelo…. derramar lágrimas, mezcla de orgullo y emoción.

Como guinda final, el concierto concluyó con un emotivas palabras de Josu hacia el público alabando la función educativa y artística de los dos proyectos corales organizadores. Y pidió la la participación de las corales Villa de Valdemoro y Santiago Apóstol de Casarrubuelos que, junto a los niños interpretaron como cierre el emocionante tema “Por esto cantamos juntos”, compuesta y dirigida por el propio Josu Elberdin.

La mañana del domingo era el turno para los coros adultos. Bien pronto nos reunimos en el teatro, de nuevo para seguir aprendiendo. Desperezando el cuerpo, despertando nuestros sentidos, buscando armónicos, haciendo divertidos ejercicios vocales, iniciamos el taller con una brillante composición de Josu, “Exultate Justi”. Nos explicó cómo se puede hacer de un tema aparentemente sencillo, una gran composición, que permita su interpretación por diferentes agrupaciones vocales, a capella o con acompañamiento, voces blancas o mixtas…

Continuamos con la canción “Hear us, oh Lord” (Jens Johansen), a ritmo de espiritual. Josu nos hizo ver con él la riqueza de matices que se pueden mostrar con una composición, a priori, sencilla, sólo con dejarle a cada cuerda su sitio y aprendiendo a escuchar el diálogo entre las voces. La música tiene voz por sí sola, sólo hay que dejarla hablar y saber escuchar…

Por último, nos trasladamos a Venezuela y trabajamos “Goza mi Calipso” (Albert Hernández), Ritmo, intención, sugestión, riqueza de matices… Josu fue desgranando el tema mientras los coros no podíamos evitar mover las caderas. Fue un trabajo muy divertido. Y casi sin darnos cuenta, el taller llegó a su fin.

Saludábamos el sábado al músico, y despedimos el domingo al amigo…, porque si algo ha demostrado Josu Elberdin este fin de semana es su desbordante capacidad de llegar a las personas. Nos ha contagiado su pasión y le damos las gracias por ello. La grandeza de estos talleres no está sólo en lo que aprendemos de la música y su interpretación; está también y quizá sobre todo, en ese componente emocional que se respira en ellos y que acerca a las personas y une a los grupos. Grandes y pequeños, decidimos pasar juntos unas horas, compartiendo la afición por la música, que no sabe de diferencias, sino que nos reúne y nos hace más amigos.

Ha sido un fin de semana inolvidable que esperamos poder repetir en breve. ¡Gracias Josu Elberdin!


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