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“The Tallis Scholars” o la naturalidad del canto, por Chema Morate

Publicado por el 06 September 2013 Sin Comentarios

“The Tallis Scholars” o la naturalidad del canto

Su Victoria en “Abulensis” alcanzó cotas inmarcesibles

Del 19 al 23 de Agosto se celebró en Avila la 2ª edición del Festival Internacional de Música “Abulensis”. Un Curso de Interpretación coral en el Real Monasterio de Santo Tomás del 17 al 21, con Peter Phillips como Profesor y Rupert Damerell como asistente; la presentación en el Auditorio Municipal de San Francisco del libro “Estudios –Tomás Luis de Victoria- Studies”; los conciertos en la Iglesia del Real Monasterio de “The Tallis Scholars” y de los alumnos del Curso; el del organista Juan de la Rubia, “Improvisatio”, en la Iglesia del Convento de Santa Teresa; y el del dúo Marta Infante, mezzosoprano, – Manuel Vilas, arpa de dos órdenes, “Pro Victoria”, más un recorrido-homenaje a la trayectoria de los “Tallis” en su cuadragésimo Aniversario en el Auditorio, supusieron su Programación con la calidad e interés como protagonistas.

Pero sin duda, el concierto de “The Tallis Scholars” con su titular Peter Phillips al frente, fue la piedra angular de todo el arco construido este año para glosar la figura del abulense internacional, Tomás Luis de Victoria (Avila, 1548-Madrid, 1611), de la mejor forma posible: recordando su música bajo todos los puntos de vista, teórico, estético, organístico, coral y vocal. El marco no podía ser mejor: la maravillosa iglesia-panteón (no consumado) de Santo Tomás, de acústico más que aceptable y con el fantástico retablo de Pedro Berruguete como fondo italianista para los 10 cantores ingleses que con Phillips abordaron el programa  intitulado: “Avila, España, México. Maestrosdel Renacimiento”.

   Victoria no es un repertorio nuevo para Phillips; sus grabaciones de 1987, 1990 y 2010, más el recopilatorio The Victoria Collection de 2011, acreditan la profundidad de su estudio sobre la obra del Maestro. Y luego está esa naturalidad en el Canto que exhibe su grupo, que llega a abochornar a quienes hemos intentado alguna vez servir a ese noble Arte, fruto de una total relajación de sus gargantas, de su límpida emisión de sonido previamente colocado y de una capacidad dinámica que nunca rebasa límites de exceso y buen gusto; puede que en algún momento se eche de menos algo más de intensidad expresiva, pero todo es tan flexible, tan aparentemente fácil, preciso y afinado, que sólo cabe disfrutar de lo que se ofrece.

   Lógicamente, Victoria era la base del concierto y de él sonó la antífona 5 de las Completas de Domingo Alma Redemptoris Mater, a 8, ed. 1581, como obligado antecedente de la Missa a 8,  ed. 1600, de igual nombre, donde se parodian no sólo esta antífona, sino la misma suya a 5,  ed.1576, con lo que el autor pasa a ser el 1er. español que usa dos obras suyas como inspiraciónpara la nueva. La interpretación fue luminosa, de dicción clarísima para seguir el  texto aún con los 2 coros; la frase Tu quae genuisti de la antífona fue dicha con especial  cuidado y atención, por su vital significado para la Fe católica, aportando esa incipiente  retórica que se apunta en el compositor; el acorde final del 1er. Kyrie fueresplandeciente,  marca de la casa y efecto mantenido en otras diversas ocasiones en el programa, que uno desea que no se extinga por la belleza que genera, casi instrumental; Gloria y Credo tuvieron  su también obligada entonación previa, haciendo “correr” la música con la aludida flexibilidad,  para restar “peso” al largo texto; Et incarnatus est se dijo con emotivo tono adorativo y el et  exspecto resurrectionem mortuorum con leve percusividad acicate de esperanza; el pleni sunt Caeli del Sanctus tuvo arrebatadora luz, así como orante fue el Benedictus, tras el que no se tornó al Hosanna.

Con un cambio total en el color del sonido en función del carácter del Tiempo litúrgico que se abordaba, cosa al alcance exclusivo de quienes dominan la técnica vocal, vinieron las Lecciones I, II y III del Nocturno I matutino del Oficio de Semana Santa, ed. 1585, que son las Lamentaciones de Sábado Santo: “Heth” dicha con unción, la dura “Aleph” fina alusión a la noche del Señor en el sepulcro, cantada sin el mínimo signo de flaqueza, ambas a 4, y el “Incipit oratio Jeremiae Prophetae”, a 6, con todo el dramatismo del texto. Después el hermosísimo Versa est in luctum, a 6, del Oficio de difuntos, ed. 1605, donde se dio prueba de  cómo hacer un ataque, la soprano colocando, emitiendo y creciendo la nota hasta expresar la angustia que el texto encierra, seguida parigual por todos sus colegas para cerrar esta muestra  victoriana de tan alto nivel.

Por delante había ido el 1er. versículo del Introito de la Misa del Domingo XII después de  Pentecostés con Gloria y Aleluya, también presente en el Salmo 69 del Nocturno I de la mañana para la Feria V en la Cena del Señor y como cierre de las Letanías Mayores y menores: Deus in adjutorium, a 8. Su autor, el malagueño Juan Gutiérrez de Padilla (c. 1595, 1664), avanza el barroco hispano-mexicano puesto que fue muchos años Maestro de Capilla en la Catedral de Puebla de los Angeles hasta su muerte; desde este principio mostraron los Tallis su afinación exquisita, librando las disonancias ya presentes en estos años con total facilidad. Y por detrás, nada menos que el sevillano Francisco Guerrero (1528-1622), maestro de la sensibilidad y la emoción, con su motete Usquequo Domine hecho con la apropiada sencillez y  claridad que demanda su estructura formal en dos secciones, la de queja por el supuesto abandono y la de confianza en la salvación. Y como despedida, el Cántico a Beata María Virgen para las Vísperas de Domingo, Magnificat Octavi Toni, a 8, del también abulense Sebastián de Vivanco (1551-1622), compañero de Tomás Luis como niño de coro en la Catedral y por tanto con similar formación a esa edad, recogido en su Liber Magnificarum publicado en 1607 en la Salamanca donde murió, sin haber salido de España; tuvo su debida entonación y se hizo alternatim gregoriano y polifonía con los mismos aciertos anteriores. El público que llenaba el recinto y que agotó las entradas puestas a la venta, reaccionó con entusiasmo, entregado a la belleza de la música ofrecida y a la maestría que Phillips ha inculcado a sus cantores, que lo siguen, convencidos y concentrados, seguros de que su sentir y sus sonidos rinden el adecuado servicio a estas músicas que se han vuelto universales.

Chema Morate

 


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