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Tomás Luis de Victoria en Madrid, por Michael Noone

Publicado por el 16 January 2011 9 Comentarios

Michael Noone estuvo en Madrid el 11 de febrero para dirigir el concierto de presentación de la Excelentia Choral Academy en la sala de cámara del Auditorio Nacional con un programa sobre El Siglo de Oro Español.

Los que tuvimos la suerte de conocerle en la Master Class que impartió el pasado diciembre invitado por la Fundación Excelentia, nos asombramos con su maestría y erudición y pudimos disfrutar de su cercanía y generosidad. Ahora vuelve a demostrárnoslo compartiendo con nosotros este artículo más ad hoc imposible. ¡Muchísimas gracias, maestro!

Tomás Luis de Victoria en Madrid, por Michael Noone

En el 400 aniversario de la muerte del compositor

Me pregunto cuántos de los miles de madrileños y turistas que deambulan por la Calle de Preciados, en el centro de Madrid, prestan atención por un momento al nombre de una pequeña calle peatonal que la cruza y que baja desde la Calle de la Luna hasta la Plaza de Celenque. Si nuestro curioso caminante alza la mirada sobre el bullicio de la gente, leerá Calle del Maestro Victoria. Este azulejo fue instalado hace apenas unos años y, sorprendentemente, nos da unas fechas de nacimiento y defunción, (1540-1608) que aunque aproximadas, no son sin embargo exactas. Igualmente extraña es la imagen que se dibuja del fraile, pues tampoco corresponde con ninguna de las tradicionalmente asociadas con nuestro compositor. Pero aunque este nuevo azulejo nos inspire recelo, de lo que no hay duda es que la calle recuerda, en palabras del distinguido musicólogo José María Llorens, a “uno de los compositores españoles más destacados de todos los tiempos”. En realidad la calle lleva el nombre de Victoria desde 1941. En tiempos de Victoria, mucho antes que El Corte Inglés y su anual espectáculo infantil Cortylandia fueran imaginables, la calle se conocía como Calle de Capellanes. Se le dio este nombre porque muchos de los capellanes del vecino convento de las Descalzas Reales se hospedaban aquí. Si nuestro moderno viandante continúa hasta el final llegará hasta la calle de Arenal y la iglesia de San Ginés, en cuyo pórtico verá un monumento que rememora la muerte de Victoria, esta vez con la fecha exacta de 1611.

Victoria madrileño

A pesar de que Victoria trabajó y vivió en el centro de Madrid durante los últimos 25 años de su vida, en el mundo de la música estamos más acostumbrados a pensar de él como abulense, o incluso como ‘romano’, más que madrileño. Cuando pocos compositores de renombre internacional pueden reclamar con más razón el carácter de ‘compositor madrileño’. Fue aquí, en el kilómetro cero de la capital española, donde Victoria compuso la música para al menos 7 de los 15 libros de polifonía que comprenden sus obras completas. La música contenida en esos libros no sólo fue la parte más madura, y, en el caso de su libro de 1600, la más innovadora, sino que la música que compuso en la capital le dio la fama universal que parece encontrar eco incluso en su propio nombre ¡Victoria! En efecto, fue en Madrid donde compuso su Officium defunctorum (1605). Sólo esta obra, descrita por el musicólogo norteamericano Paul Henry Lang como “la cima de su arte y una de las composiciones corales más logradas de toda la literatura musical”, elevó a Victoria a un puesto permanente en el panteón de los grandes compositores de todos los tiempos.

Para un compositor de tan extraordinario calibre, es sorprendente qué poco sabemos realmente de su vida. Aunque es cierto que Victoria nació en Ávila, nadie puede decir con certeza cuál fue el año de su nacimiento. El biógrafo de Victoria, Robert Stevenson, sugiere que podría haber recibido educación en el Colegio San Gil de Ávila, una escuela fundada por la Compañía de Jesús en 1554. También es posible que Victoria cantara como cantorcico en la catedral abulense. Si lo hizo, indudablemente entró en contacto con Bernardino de Ribera, maestro de capilla de dicha ciudad entre 1559-1563. Un análisis más detallado y sistemático de las obras de Ribera revela sorprendentes y sugerentes correspondencias con las composiciones de Victoria sobre los mismos textos. Por ejemplo, ambos compositores escribieron Missae de Beata Virgine para cinco voces y ambos escribieron motetes sobre el texto Ascendens Christus. Hay otras relaciones interesantes entre los conjuntos de Magnificats compuestos por cada compositor, y por otro lado el Regina caeli a cinco voces de Victoria también parece estar influenciado por el Regina caeli del más veterano maestro Bernardino de Ribera. En 1567, el jóven Victoria dejó Ávila y viajó a Roma para seguir los estudios como sacerdote en el Colegio Alemán de los jesuitas (Collegium Germanicum). Más tarde fue empleado como cantor y organista en la iglesia española de San Giacomo degli Spagnoli y en Santa María di Monserrato. En 1587, Victoria fue nombrado capellán de San Girolamo della Carità, la sede de la nueva Congregazione dei Preti dell’Oratiorio, bajo la dirección de San Felipe Neri.

En el Madrid de los Austrias

Como en tantas otras facetas de la vida de Victoria, no podemos dar con precisión la fecha en que retornó a España. Sí que sabemos, sin embargo, que en octubre de 1586 Victoria estaba en Madrid. Por entonces ya había publicado libros de motetes, misas y magníficats a través de prestigiosos editores de Venecia y Roma. Victoria compuso en todos los géneros importantes de música litúrgica pero no música secular ni tampoco instrumental. Este es uno de los aspectos en que Victoria difiere de los otros dos grandes polifonistas españoles, Cristóbal de Morales y Francisco Guerrero, con quienes habitualmente se le encuadra.

Las vistas panorámicas completas más antiguas que se conocen de la villa de Madrid son dos dibujos pertenecientes a las llamadas Vistas de Viena, colección de dibujos urbanos realizados en el siglo XVI que se conservan en la Biblioteca Nacional de Viena. Uno de ellos, quizá un trabajo preparatorio, está realizado a pluma y tinta sepia sobre lápiz negro; el dibujo es claro y preciso y lleva anotaciones junto a algunos de los edificios principales. El otro (¿la panorámica definitiva?) está realizado a pluma, tinta sepia y aguada; la propia técnica utilizada le hace perder nitidez, y las anotaciones escritas se encuentran en la parte superior del papel. Van acompañados por dos dibujos más: uno de ellos representa en detalle la fachada meridional del alcázar, y el otro es un boceto en el que se incluyen los lienzos visibles de las murallas, un apunte del convento de los Jerónimos y de la Casa de Campo, y un grupo de figuras formado por cuatro mujeres.  Las dos vistas principales son dibujos de conjunto realizados alrededor de 1562, sólo un año después del establecimiento definitivo de la Corte en la villa, y tomados desde un punto no excesivamente elevado de la Casa de Campo. En ambos casos la perspectiva se distorsiona e incluye elementos dibujados desde otros puntos de vista distintos, con el fin de que los edificios principales puedan observarse nítidamente y sin solapamientos; el río Manzanares aparece en primer término y el recinto amurallado al fondo, siendo claramente identificables una buena parte de los principales edificios civiles, religiosos y militares que conformaban la villa en aquellos años. En el río se aprecian la puente toledana y la puente segoviana, y el caserío queda delimitado, frente al espectador, por los lienzos de muralla que unían el alcázar, la puerta de la Vega y las cercanías de la puerta de Moros. Al no estar firmados ninguno de los dos dibujos, su autoría no está todavía clara, y se atribuyen indistintamente, tanto en conjunto como por separado, a Anton Van den Wyngaerde y a Joris Hoefnagel.

¿Cómo era el Madrid al que Victoria llegó en 1585 o 1586? En 1561, cuando Felipe II decidió mudar la capital de Toledo a Madrid, la recién designada capital albergaba entre 9.000 and 12.000 habitantes. Hacia 1597 la población había aumentado al increíble número de 90.000. En agosto de 1586, se celebró la dedicación de la recién completada basílica de San Lorenzo el Real de El Escorial y comenzaron las preparaciones para que la familia real trasladara su residencia allí. En 1585 Antonio Pérez fue detenido por segunda vez y Cervantes publicó La Galatea. Y en 1588 Lope de Vega fue condenado a cuatro años de destierro a cinco leguas de la Corte y murió el pintor Alonso Sánchez Coello. Esta Villa de Madrid, donde Victoria pasó los años más creativos de su carrera, era de hecho muy distinta a cualquier otra ciudad española. No sabemos nada de su actividad desde su llegada hasta septiembre de 1587 cuando fue nombrado capellán de la emperatriz María de Austria (1528-1603). Desde entonces y hasta el final de sus días Victoria viviría en circunstancias muy privilegiadas, y su vida profesional se centraría en el convento de las Descalzas Reales donde la emperatriz decidió retirarse.

En las Descalzas Reales

Dado que en el año de 2009 celebramos el 450 aniversario de la fundación de las Descalzas Reales, es apropiado detenerse unos minutos y contemplar esta venerable institución. De hecho, es imposible entender los últimos años de Victoria en Madrid sin estudiar este extraordinario convento.

El monasterio de Nuestra Señora de la Consolación, de franciscanas descalzadas o clarisas de Santa Coleta de Corbie, más conocido como Descalzas Reales, fue fundado por Juana de Austria (1535-1573). Esta notable mujer, princesa de Portugal, hija de Carlos V y hermana de Felipe II, concibió la idea de fundar un convento siguiendo la primera regla de Santa Clara, en 1554, cuando Felipe II estuvo ausente en Inglaterra para contraer matrimonio con María Tudor. Siguiendo el consejo de Francisco de Borja, por entonces duque de Gandía, las primeras moradoras vendrían del monasterio de Santa Clara de Gandía. Juana de Portugal escogió el palacio del contador de Castilla, Alonso Gutiérrez—la casa donde ella misma había nacido—como la sede de su nueva fundación, pero las necesarias obras de renovación para convertir el palacio en convento no se culminarían hasta 1559. En ese mismo año, en la Fiesta de la Asunción, la primera comunidad de monjas entró al convento, en solemne procesión, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Consolación.

El reducido número de monjas (menos de 35) que componían la comunidad religiosa fue ampliamente sobrepasado por los más de 100 cortesanos y sirvientes que acompañaron a María de Austria, viuda del emperador Maximiliano II, cuando llegó en 1583. Curiosamente, no figura ningún cargo musical entre estos servidores y las funciones de Victoria parecen haber sido las mismas que las de otros capellanes: decir una misa diaria y atender espiritualmente a la emperatriz. La vida diaria de Victoria era por tanto diferente a la de cualquier otro compositor español contemporáneo. Sin la carga de hospedar y educar niños del coro—por mencionar una de las quejas más comunes entre los maestros de capilla de las catedrales españolas de entonces—Victoria quedó relativamente libre para componer obras nuevas y revisar trabajos anteriores. Victoria era un perfeccionista que nunca dejó de refinar y pulir sus obras incluso después de haber sido publicadas. Además Victoria desempeñó un papel activo en la venta de sus composiciones, escribiendo docenas de cartas a los cabildos de casi todas las catedrales españolas.

El compositor y la imprenta musical

Tan pronto como Victoria llegó a Madrid se dispuso a revisar su libro de motetes de 1583. La nueva versión, que contenía piezas muy populares, como O Quam gloriosum y O magnum mysterium, fue publicada en Milán y en Dilinga en 1589. En cuanto a la composición de obras completamente nuevas el primer fruto de su trabajo en Madrid fue un libro de Misas. Fue publicado en Roma por Francesco Coattino en 1592, y de las 11 obras que contenía, solo una, la Missa pro defunctis a 4, había sido previamente publicada, en 1583. Este Liber secundus, como el compositor la denominó, elevó el número de misas que Victoria había compuesto a un total de 15. Como podríamos esperar de un compositor obsesionado con sus propias obras Victoria basó estas 6 nuevas misas en sus propios motetes. Aparentemente, Victoria no creyó en adelante necesario, como había hecho en sus publicaciones de 1576 y 1583, basar sus misas en motetes de compositores de renombre internacional como Morales (la Missa Gaudeamus), Guerrero (la Missa simile est regnum), y Palestrina (la Missa Surge propera). (La única excepción será la Missa pro Victoria de 1600, basada en un chanson de Clément Janequin.) No sólo percibimos un nuevo sentimiento de confianza del compositor al basarse en sus propios motetes como fuentes para estas misas ‘madrileñas’, sino que también percibimos una ceñida adaptación a los requerimientos del calendario litúrgico. Cada misa estaba claramente destinada a una específica fiesta litúrgica de acuerdo con el siguiente programa: Missa O magnum mysterium (Circuncisión del Señor­–enero), Missa quarti toni (purificación de Nuestra Señora–febrero), Missa Trahe me post te (fiestas de beata virgine–todos los sábados de Nuestra Señora), Missa Ascendens Christus (La Ascensión–fiesta movible), la Missa Salve (los días siguientes a pentecostés–fiesta movible), y la Missa Vidi speciosam (La Asunción de Nuestra Señora–agosto). Las últimas tres entradas en el libro de 1592 fueron el oficio de difuntos: una Missa pro defunctis a cuatro voces y los responsorios Peccantem me y Credo quod redemptor. La Missa pro defunctis apareció por primera vez en imprenta en un libro de misas que Victoria publicó en Roma en 1583. Podemos deducir que Victoria guardó un afecto especial por esta obra excelsa, ya que la publicó de nuevo en este libro de 1592. Es de hecho la única obra de este libro que había sido previamente publicada. En nuestros días, la fama de la Missa pro defunctis de 1605, sin embargo, ha eclipsado de tal manera la primera pero extraordinariamente bella Missa pro defunctis que ésta es apenas escuchada.

Gracias a las excelentes investigaciones de María Leticia Sánchez y Janet Hathaway ahora tenemos un conocimiento más cabal del calendario de celebraciones litúrgicas que se observó en las Descalzas Reales a principios del siglo XVII. Basado en el calendario ferial del arzobispo de Toledo y en la reordenación estipulada por el Concilio de Trento, el calendario de las Descalzas Reales también incorporó elementos de las tradiciones de las clarisas y las obligaciones impuestas por los reales patrones del convento. Un hecho interesante sobre el orden litúrgico de las misas en el libro de Victoria de 1592 es que no hay en él nada que sugiera que esas obras o su orden litúrgico fueran particulares o exclusivas de las Descalzas. Más bien lo contrario. Estas obras fueron designadas como útiles o apropiadas para el calendario de cualquier iglesia en el orbe católico. El mercado de las obras de Victoria era pues internacional y el mismo Victoria se ocuparía de asegurar que las copias de su Nuevo libro alcanzaban el número más amplio de compradores posible. Una maravillosa nueva edición de las Cartas (1582-1606) de Victoria, con notas y un ensayo previo a cargo de Alfonso de Vicente (Fundación Caja Madrid: 2008) reúne por primera vez una soberbia colección de las cartas de Victoria, y la mayoría de éstas tienen por objeto ofrecer a la venta su música a clientes potenciales.

Una sorprendente variedad de adaptaciones

A la vez que las obras de Victoria iban haciéndose más y más populares, éstas empezaron a interpretarse en una sorprendente variedad de adaptaciones. Prueba de ello la encontramos en dos extraordinarias publicaciones de 1594. En Venecia, Giovanni Battista Bovicelli publicó su Regole, passagi di musica, madrigali e motetti passeaggiati y en Colonia, Adrian Denns un laudista holandés, publicó su Florilegium omnis fere generis contionum suavissimarum ad testudinis tabulaturam accomodataum. Bovicelli fue un cantante de música religiosa y un ‘virtuoso di camera’ que publicó su Regole como una guía para cantantes de madrigales, canzonette, motetes y salmos. Él mismo reunió algunas de las obras más populares de los compositores más estimados de la época, Palestrina, Cipriano de Rore, Merulo, Giulio Cesare Gabucci, Giovanelli y, por supuesto, Victoria. Bovicelli decoró las voces de soprano de estas obras con un extraordinario alarde de ornamentos y passaggi, mientras que dejó otras voces sin cambiar y orquestó para instrumentos de teclado. El ‘arreglo’ de Bovicelli para el motete de Victoria Vadam et circuibo –que grabamos en primicia mundial para el proyecto de la Fundación Caja Madrid– se presenta como un ejemplo sobresaliente del cambio de estilo musical que tuvo lugar en España y en Italia a finales del siglo XVI. El arreglo de Bovicelli reemplaza la retórica polifónica de seis voces del motete de Victoria por otra proto-Barroca de monodia donde una voz de soprano muy decorada y florida es acompañada por un menos activo apoyo instrumental. De forma similar, el laudista holandés Adrian Denns arregló los motetes de Victoria para laúd y voz solo. Estas piezas han visto afortunadamente la luz gracias al maravilloso trabajo de Pepe Rey, Carlos Mena y Juan Carlos Rivera en su soberbio CD titulado Et Jesum.

Uno de los compositores más innovadores de su tiempo

Que Victoria estuvo en la vanguardia de las últimas tendencias estilísticas del Barroco emergente es afirmado por las composiciones que publicó en Madrid en 1600. Estas obras fueron novedosas en todos los aspectos, y Victoria hizo especial hincapié en este carácter novedoso en una carta dirigida al cabildo de la catedral de Salamanca. He aquí las palabras del compositor:

Yo e hecho inprimir esos libros de misas, magníficas, salmos, salves y otras cosas, a dos y a tres choros, para con el órgano, de que va libro particular, que a gloria de Dios no a salidos otro en Ytalia ni en España para los organistas, porque con él, donde no ubiere aparejo de quatro vozes, una sola que cante con él organo hará coro de por sí.

Sin ninguna duda esta publicación monumental fue la más ‘madrileña’ de todas las de Victoria. No solo por ser la primera que publicó en la capital, también contiene 14 obras nuevas, la mayoría para 8 o más voces, que Victoria compuso en Madrid. La provisión de un libro separado para el órgano fue una primicia mundial, y el estilo se proyecta hacia el Barroco de un modo que muestra a Victoria como uno de los compositores más innovadores de su tiempo. Si el genio de Victoria lleva a la perfección el arte de la polifonía del Renacimiento, también trae con optimismo entusiasta la exaltación y la energía del Barroco.

Michael Noone

Un ejemplo de cómo entiende Michael Noone  a Tomás Luis de Victoria, en las voces del Ensemble Plus Ultra

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Michael Noone

Nació en Sydney y estudió música en la Universidad de Sydney y en el King’s College de Cambridge Desde entonces, se ha dedicado al estudio y técnica de la música española del renacimiento: como especialista y musicólogo ofrece numerosas conferencias internacionales y es especialmente conocido por su trabajo en los archivos del Escorial y de la Catedral de Toledo. En 1998 su “Música y Músicos en el Escorial” fue publicado en la Rochester University Press. En 1990 ganó el XIII concurso Anual de Investigación Musical y de Estudios Musicológicos. La búsqueda de Michael Noone le ha llevado al excitante descubrimiento de obras desconocidas escritas por polifonistas del Renacimiento español como Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero, Tomas Luis de Vitoria, Alonso Lobo y Gines de Boluda. La edición de Michael Noone de muchas de esas obras bajo el título Códice 25 de la catedral de Toledo fue publicada en 2003. En febrero de 2006 la revista Early Music la describía como “una de las mas significantes herencias en la búsqueda de la música ibérica hoy en día”. La BBC calificaba el CD de “obra esencial para cualquier colección de la polifonía sacra del Renacimiento”. Para la revista Early Music Today es “una edición verdaderamente espléndida”

Noone también ha editado los motetes completos del polifonista español Fernando de las Infantas, Los Magnificats de Sebastián Vivanco, y las obras completas de Andrés de Torrentes. Ha sido profesor en la Universidad Nacional de Australia, la Universidad de Hong Kong, Universidad de Cornell y el Boston College. Ha ofrecido cursos en el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza, en el Festival de Música Antigua de Gijón, la Universidad Politécnica de Valencia y en el Conservatorio Superior de Música de Salamanca.

Noone se ha forjado una gran carrera como director de varios ensembles de Gran Bretaña, Australia, Hong Kong y España. Ha realizado 6 grabaciones de música española con la Orchestra of the Reinassance, Song Company y Sydney Chamber Choir. Ha realizado otras 6 grabaciones junto al Ensemble Plus Ultra, dirigiendo a este último en los mejores Festivales y escenarios de España y Reino Unido.

En 2006 Michael Noone recibió el premio Real Fundación Toledo de manos del Rey Don Juan Carlos, por su contribución a la música española a través de conciertos, CD’s, publicaciones o a través de la enseñanza como profesor.

Ese mismo año también fue elegido para formar parte de la real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

O Quam Gloriosum – Tomás Luis de Victoria Ensemble Plus Ultra, Michael Noone. Real Iglesia de San Andrés Apóstol Madrid Junio 2010


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9 Comentarios »

  • Santiago Antonio says:

    Me parece un muy buen articulo, acompañado por una excelente música coral representativa.

  • Alberto Simal says:

    ¡Excelente artículo! Bravo, Paloma!!

  • Paloma Mantilla says:

    Todos los “Bravos” al maestro Noone, amigo Alberto! Un lujo contar con su colaboración.
    Muchas gracias por tus palabras.

  • Elssen Beatriz Lombó says:

    Que hermosura la interpretación que hace este Ensemble del O Quam Glo­rio­sum de Tomás Luis de Vic­to­ria. Múchisimas gracias por la publicación de este video.
    Tuve la oportunidad de asistir al concierto del pasado 11 dirigido por el maestro Noone y me encantó igualmente su trabajo de dirección. Aprovecho para saludar la iniciativa de creación de este site, uníco en su estilo, y por supuesto de felicitarles por su primer aniversario, deseándoles además larga vida!
    Mucho éxito!

    Elssen Lombó

  • Tendríamos que prestar más atención a nuestros músicos; siempre es una minoría la que los aprecia, aunque sean conocidísimos como Victoria. Si encima hablamos de recuperar música inédita… Se está haciendo bastante, pero no es suficiente… Espero que el año Victoria aficione a muchos a este gran polifonista.

  • Riojerte says:

    Muy buen artículo
    El monasterio de las Descalzas Reales, de lo mejor que ver en Madrid, es un edificio clasicista del siglo XVI habitado por las monjas franciscanas y que dispone de una gran colección de obras de arte en su interior.

    En este lugar, en el antiguo palacio, residieron Carlos I e Isabel de Portugal y aquí nació su hija Juana de Austria, hermana de Felipe II y fundadora del Monasterio de las Descalzas Reales.

    En su interior destacan sus pinturas y sus tapices.

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