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Mignon, por Juan de Dios Tallo

Publicado por el 20 agosto 2011 1 Comentario

Mignon, por Juan de Dios Tallo

The daughter of enthusiasm, rapture, passion and despair, she is of the earth, but nor earthly.
Edward Dowden, hablando de Mignon.

No es preciso comprobar que cuando se habla de Cervantes, en seguida viene a la mente Don Quijote. La riqueza del personaje es tan grande que otras creaciones cervantinas quedan oscurecidas a su lado y a nadie se le viene a la mente el licenciado Vidriera o la Gitanilla. En la literatura alemana pasa algo similar, en ella, una de las principales fuentes de personajes universales es sin duda Johann Wolfgang von Goethe (1749 – 1832). El caso es que suele estar casi siempre asociado al mito demoníaco de Fausto que ha acaparado tanto espacio en la cultura europea llegando a parecer que Goethe no hubiera escrito otra cosa. Fausto es omnipresente apareciendo en los lugares más inesperados [I]. Sin embargo, Werther ha quedado un tanto relegado y la humilde Mignon, a la que dedicamos este artículo, mucho más. Con todo, no conviene olvidar que, en su día, ambos tuvieron una importancia grande y una presencia muy extendida.

Si fuéramos lo suficientemente atrevidos diríamos que la música ha salvado del olvido un tanto a Werther, convertido en héroe operístico, y desde luego a Mignon.

Goethe y los personajes que piden música

Es un hecho conocido el que muchos músicos hayan acudido a los textos de este gigante de la cultura alemana para sus composiciones y que esto haya provocado tanta literatura sobre la relación de Goethe con la música. Sin embargo, éste no fue nunca un tema especialmente tratado por él, aunque es cierto que en su juventud fue autor de varios libretos de operetas. Así mismo, hemos de decir que Goethe tenía sus estudios musicales; había estudiado el cembalo y algo el violonchelo. Sus gustos acabaron siendo anticuados, pues siempre pesaron mucho sus preferencias de juventud. Digamos que su ideal musical era Mozart y que los autores románticos le resultaban más bien excesivos. Beethoven, por ejemplo, le parecía demasiado arrebatado [II] y no entendía que se le dedicara tanta atención.

Goethe conoció bien a muchos músicos de su época. Pudo asistir a un concierto de un Mozart de siete años en Frankfurt, fue muy amigo de Zelter y tuvo bastante relación con Mendelssohn, tuvo trato con Weber, Beethoven, Clara Wieck y con otros.

En todo caso, fue una realidad la gran curiosidad y afición de Goethe por la música y la enorme influencia que tuvo en los compositores románticos, casi siempre grandes lectores. Pues bien, Mignon cobra gran relevancia en el contexto de esta influencia por la gran cantidad de música que ha generado en una lista de nombres de primera fila encabezada por Schubert, Beethoven y Schumann. Estamos, al fin y al cabo, ante un personaje muy interesante y cuidadosamente construido que, en varias de sus apariciones estelares, canta o baila, por lo que no es extraño que acabe convertido en un puente entre literatura y música.

Presentaremos a Mignon diciendo que es un personaje secundario de una de las grandes novelas goethianas llamada Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister de 1796 [III]. Una obra de un género en boga entonces llamado bildungroman o novela de formación. En este tipo de novelas el héroe pasa por una serie de avatares y vicisitudes que le hacen madurar, formándose moral y humanísticamente. Por ejemplo, los desengaños amorosos no llevan a Wilhelm Meister al suicidio, como en el caso del desgraciado Werther, sino que le hacen crecer como persona. No hay en esta novela un romanticismo especialmente notable, ni pretende ser una tragedia. Es cierto que la historia de la pobre Mignon sí que es más bien  trágica, pero no es una parte nuclear de la trama. Es, a la postre, otra lección de la vida más para el protagonista. Lo que sí parece cierto es que Goethe confiesa, según unos a su amigo Schiller, según otros al canciller von Müller, que la razón de haber escrito la novela fue hacer aparecer a Mignon en ella.

Se ha dicho que hay aspectos autobiográficos en el personaje de Wilhelm Meister. Digamos que Goethe se identifica a veces con él y que lo aprovecha para impartir doctrina sobre aspectos filosóficos o estéticos por su boca. Por otra parte, Mignon, está en parte inspirada en un ser real que Goethe conoció en Italia.

Las canciones de Mignon

La narración consiste en una serie de viajes que Wilhelm Meister ha de emprender. El primero de todos es un viaje de negocios que su padre le encarga para que vaya aprendiendo a manejarse en ese mundo. En cierta jornada del viaje encuentra a una modesta compañía circense que va a actuar en una población. Wilhelm ve consternado como el director del grupo maltrata a uno de sus miembros más jóvenes. Decide defender y acoger a la víctima pagando una cantidad al rufián que dirige el circo ambulante. En un primer momento, Wilhelm no está seguro de si se trata de un chico o una chica por su aspecto andrógino y su ropa de saltimbanqui. Cuando se le pregunta, declara que la llaman Mignon. Iremos descubriendo que es de origen italiano y que es una criatura de una gran pureza de sentimientos. A pesar de dejarnos adivinar que ha debido de pasar por todo tipo de abusos y violencias. Es un ser de pocas palabras por tener un tic en la boca y hablar torpemente el alemán, pero que se expresa de forma admirable a través del canto y, especialmente, de la danza. Podemos añadir que irá mostrando una salud muy precaria y ser capaz de pasión amorosa poco propia de sus pocos años. Goethe trae a la novela el pathos de la antiguedad clásica en este personaje infantil extraño y fascinante. El amor del poeta por Italia y el teatro griego conforman a esta niña que muere de amor convirtiéndose en el único episodio apasionado en esta novela tan contenida en arrebatos amorosos. La niña canta y baila, normalmente acompañada por el viejo arpista, que es otro de los miembros del grupo de músicos, actores etc. que acompaña a Wilhelm en sus andanzas y que también protagoniza muchos lieder de los autores románticos. La novela continúa con una serie de viajes de Wilhelm y sus acompañantes: se une a una compañía de teatro que quiere ir de gira con Hamlet. Sin embargo, su maduración exige de más lecciones que el teatro no puede satisfacer por lo que más viajes han de seguir…

De las canciones de Mignon y del misterioso arpista tenemos la letra, pues Goethe las deja escritas en la novela. Dos son las principales, una es la que Mignon canta a Wilhelm Kennst du das land y la otra la que canta a duo con el arpista Nur wer die Sensucht kennt.

Kennst du das land 

Kennst du das Land, wo die Zitronen blühn,
Im dunkeln Laub die Gold-Orangen glühn,
Ein sanfter Wind vom blauen Himmel weht,
Die Myrte still und hoch der Lorbeer steht?
Kennst du es wohl?
Dahin! dahin
Möcht ich mit dir, o mein Geliebter, ziehn.

Kennst du das Haus? Auf Säulen ruht sein Dach.
Es glänzt der Saal, es schimmert das Gemach,
Und Marmorbilder stehn und sehn mich an:
Was hat man dir, du armes Kind, getan?
Kennst du es wohl?
Dahin! dahin
Möcht ich mit dir, o mein Beschützer, ziehn.

Kennst du den Berg und seinen Wolkensteg?
Das Maultier sucht im Nebel seinen Weg;
In Höhlen wohnt der Drachen alte Brut;
Es stürzt der Fels und über ihn die Flut!
Kennst du ihn wohl?
Dahin! dahin
Geht unser Weg! O Vater, laß uns ziehn!

¿Conoces esa tierra?  

¿Conoces esa tierra donde florecen los limoneros,
donde con un follaje oscuro los naranjos relucen,
donde una suave brisa sopla en el cielo azul,
y vemos el silencioso mirto y el frondoso laurel?
¿Lo conoces bien?
¡Es allá! allá
Donde quiero ir contigo, ¡oh amado!

¿Conoces la casa, su tejado sobre hermosas columnas?
Su entrada brilla luminosamente y sus aposentos resplandecen,
y las figuras de mármol me miran:
¿Qué te han hecho, o pobre criatura?
¿Lo conoces bien?
¡Es allá! allá
donde quiero ir contigo, ¡oh protector!

¿Conoces la montaña envuelta en niebla?
La mula está buscando su sendero entre las nubes,
en las cavernas moran las camadas de los antiguos dragones,
¡las rocas de los precipicios se sumergen bajo la rugiente corriente!
¿Lo conoces bien?
¡Es allá! ¡Es allá
donde nos conduce nuestro camino! ¡Oh padre, vayamos!


Este poema es de los más conocidos de la lengua alemana, lo cual es mucho decir teniendo en cuenta los grandes poetas que a esta lengua han honrado a lo largo de los siglos. El hecho de que Mignon cantara esta letra en la novela ha sido suficiente razón para que los más importantes compositores le pusieran música. De esta forma, Franz Schubert, Ludwig van Beethoven o Franz Liszt han aportado su visión del Kennst du das land en lieder inolvidables. Del lied de Beethoven hay incluso versión coral.

Sabemos que quién urdió el famoso encuentro entre Beethoven y Goethe en Teplice fue la joven Bettina Brentano [IV], mujer clave en la cultura europea del siglo XIX. Cuentan que Bettina entra un día en los desordenados y poco ventilados aposentos de Beethoven con ánimo de conocerle. Le encuentra de espaldas improvisando al piano, le toca un hombro para avisar de su presencia y Beethoven se vuelve furioso por la interrupción. La joven se presenta como Brentano, nombre que al compositor le resulta muy familiar pues ha tratado a su hermano Franz. Beethoven se calma y le muestra en qué está trabajando, su Kennst du das land. Imaginad la emoción de Bettina. Conoce muy bien el poema y a Mignon, pues su hermano, el poeta Clemens Brentano, le dió a leer Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister tiempo atrás y quedó fascinada por el personaje.

Mignon – Kennst Du Das LandBeethoven: Lieder und GesangeAnn Murray

También el gran compositor de canciones del siglo XIX Hugo Wolff en su ciclo de 51 lieder sobre poemas de Goethe recurre también a estos versos. Robert Schumann compone la colección de canciones Wilhelm Meister Op. 98ª donde también hay un Kennst du das land. Hay versiones en checo, italiano, polaco, una en ruso de Tchaikovski y en francés de Gounod. Una de las más recientes es la de Alban Berg llamada Mignon de 1907.


A estas canciones habría que añadir el aria Connais-tu le pays? De la ópera “Mignon” compuesta por Ambroise Thomas que extrae la triste historia de nuestra heroína, aunque con alguna variación sobre la trama original. Esta ópera fue estrenada en 1866 y tuvo mucho éxito. Es emocionante ver el protagonismo del arpa en la obertura de esta ópera porque podemos intuir la presencia del arpista compañero de Mignon y Wilhelm. Todavía hoy hay versiones disponibles en disco y se sigue repesentando [V].

Mignon (Opéra-Comique en 3 Actes, 5 Tableaux  - Ambroise Thomas) Act I Ouverture – Philharmonia Orcherstra, Anotonio de Almeida

La segunda parte del primer verso, es decir, Wo die zitronen blühen, se convierte en el título de un vals de Strauss hijo de 1874. Un vals que originalmente iba a llamarse Bella Italia, pero que tomó el título definitivo como homenaje a Goethe, es el opus 364 y fue compuesto duante una gira de Strauss por Italia con la orquesta Langenbach. No lo había hecho nadie, por lo que no está mal dedicarle música de baile a esta portentosa niña llena de misterio.

Wo die Zitronen blühen, walzer op. 364, Johann Strauss II (1825-1899) Vienna Volksoper Orchestra

Nur wer die sensucht kennt

Nur wer die Sehnsucht kennt
Weiß, was ich leide!
Allein und abgetrennt
Von aller Freude,
Seh ich ans Firmament
Nach jener Seite.

Ach! der mich liebt und kennt,
Ist in der Weite.
Es schwindelt mir, es brennt
Mein Eingeweide.
Nur wer die Sehnsucht kennt
Weiß, was ich leide!


Sólo quien conoce el anhelo 

¡Sólo quien conoce el anhelo
sabe lo que sufro!
Sola y apartada
de toda alegría
miro al firmamento,
hacia aquel lado.

¡Ay!, el que me ama y conoce
está en la lejanía.
Siento vértigo, me arden
las entrañas.
¡Sólo quien conoce el anhelo
sabe lo que sufro!

Sehnsucht es un concepto similar a la saudade portuguesa y suele traducirse por nostalgia o anhelo. Es una idea muy recurrente en el romanticismo alemán, quizá por eso es irresistible para los compositores de aquella época.

Schubert compuso cuatro lieder distintos (D.310, D.359, D.481 y el D.877 n.4) con esta letra, más un duo para soprano y tenor (D.877 n.1) y un coral para coro masculino a cinco voces (D.656). Schubert tuvo verdadera veneración por Goethe, prueba de ello son las setenta y cuatro ocasiones en que le pone música. Sin embargo, nunca tuvo la oportunidad de obtener de él el más mínimo reconocimiento. De hecho, el gran literato le fue en alguna ocasión bastante grosero y sólo una vez muerto Schubert tuvo alguna palabra de elogio para con él.

Beethoven compuso cuatro versiones de su Sehnsucht WoO.134 y otros casi treinta autores han puesto música a este poema, entre ellos Robert Schumann, Hugo Wolff y Fanny Mendelssohn en su idioma original, Tchaikovski en ruso y, cómo no, el inevitable Karl Friedrich Zelter, el músico oficial de la corte artística de Goethe en Weimar y gran amigo del poeta.

 

La muerte de Mignon

Es, al fin y al cabo, una historia de amor desgraciada la de Mignon  y Wilhelm. Éste último la adopta y siempre mantendrá hacia ella un amor entre paternal y de camaradería. Mignon, por el contrario, experimenta una evolución. Al principio, ama al Wilhelm como su salvador, amor de niña hacia el adulto admirado. Pero, la niña va creciendo y, al aparecer la Mignon mujer, su apego afectivo infantil hacia Wilhelm se convierte en verdadero amor apasionado. Éste, sin embargo no cambia en sus afectos hacia Mignon y sí hacia otros personajes femeninos que van apareciendo en la obra. Esto produce un sufrimiento enorme en nuestra heroína de forma que su débil corazón no aguanta más cuando Wilhelm decide casarse con Teresa y muere haciendo ciertos los versos de Auden:

Nada puede amarse en demasía
Pero todas las cosas pueden ser amadas
De forma equivocada.

Esta muerte merecía ser celebrada musicalmente y no hubo que esperar mucho. Antes que el citado Ambroise Thomas, Schumann tuvo la tentación de hacer una ópera sobre Mignon, pero el proyecto no acabó de cuajar y finalmente la cosa se queda en un opus 98 titulado Lieder, Gesänge und Requiem für Mignon.

Este Requiem no tiene la estructura al uso de este tipo de pieza. En la idea tan de aquella época de unir literatura y música Schumann recurre al texto de la novela. Formalmente está dividido en seis partes con participación de coro y solistas, es una especie de conversación triste llena de lamentos que comienza con una sobrecogedora frase del coro que pregunta.

¿A quien traeis a nuestra silenciosa compañía?

A lo que responden las dos sopranos y las dos altos solistas:

A una cansada compañera os traemos
Dejadla quedarse y descansar
Hasta que alegres hermanos del cielo
Vengan a despertarla

Es una impresionante pieza coral de gran belleza que representa en la obra de Schumann su interés por la literatura y su interés por anclar a la música en la misma corriente estética de la literatura de su tiempo. En aquella década de los cuarenta del siglo XIX se veía a la literatura como arte rey que aportaba nuevas y revolucionarias categorías estéticas con las que Schumann se identificaba. Liszt se da cuenta del intento y, en relación con el Requiem für Mignon dice:

El Requiem para Mignon lleva a cabo el raro servicio de enriquecer la creación consumada de un maestro con una nueva idea, un golpe afortunadamente acertado. Este último lamento, este suspiro de mil facetas repetido sobre una sepultura que oculta tanto sufrimiento y belleza, tanto anhelo y desgracia, es como el acorde final de un montón de tierra lleno de dolorosas disonancias.

Sólo cuando Mignon muere de amor se descubre su origen. Nada menos que en el incesto entre un cura enfermo de amor por su hermana. Finalmente, su destino es una de las más duras lecciones que Wilhelm Meister ha de aprender en su viaje iniciático de formación [VI].

Como podemos ver, esta es la historia de una pobre chica de oscuro pasado, de corta y sufriente vida, y que conoce al fin quien la quiera y proteja aunque, esto le cueste la vida. Ved cuánto ha dado de sí en la historia de la música. Sin embargo, ya hace mucho que nadie se acuerda de la pobre Mignon y, casi tampoco, de la novela. Pero a veces aparece donde menos te la esperas:


¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y la Mignón,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín…

Quizá algún lector haya ya reconocido los versos del compositor porteño Enrique Santos Discépolo (1901 – 1951) que forman parte de la letra del tango más desestabilizador de la historia, el famoso Cambalache de 1935:

Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé…
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).

Como se ve, una letra de gran actualidad. En estos últimos tiempos tan de cambalache según se percibe en la rapacería de la política, los mercados financieros etc. siempre hay Mignones que sufren por mil motivos, aunque en el fondo sólo anhelan (Sehnsucht) que las quieran, por eso que decía Erich Fromm de que El amor es la única respuesta sana y satisfactoria al problema de la existencia humana (“El arte de amar”).

Leed el Wilhelm Meister, escuchad su música y todo esto cobrará sentido.

Juan de Dios Tallo.


-
[I] Sin ir más lejos, es llamativo como en los comics de Tintín y Milú de Hergé asoma reiteradamente una diva de la ópera de nombre Bianca Castafiore que siempre canta como Margarita el aria Des bijoux de la ópera Fausto de Gounod. Su pianista repetiteur en el comic (ver Las joyas de la Castafiore o El asunto Tornasol) se llama Wagner, o sea, igual que el fámulo de Fausto en la citada obra goethiana. 

[V] James Joyce cita esta ópera, entonces más conocida que hoy en día, en Dublineses, más concretamente en el relato llamado The dead, Los muertos:

– And why couldn’t he have a voice too? asked Freddy Malins sharply. Is it because he’s only a black? Nobody answered this question and Mary Jane led the table back to the legitimate opera. One of her pupils had given her a pass for Mignon. Of course it was very fine, she said, but it made her think of poor Georgina Burns.

[VI] Leer esta nota sólo si NO se va a leer la novela: Finalmente descubre, en una última sorpresa para el lector, que sus andanzas y progresos han sido seguidos, programados y supervisados por una sociedad secreta, la Sociedad de la Torre dirigida por un tal Lothario, empeñada en la educación de jóvenes notables. En realidad ha sido puesto a prueba para poder unirse a esta sociedad de sabios que siempre me pareció que tiene su paralelo en la cofradía de Sarastro que permite entrar en ella a Tamino al final de La Flauta Mágica tras las pruebas a las que es sometido y que concluyen con las de la tierra, el fuego, el agua y el aire. Goethe programó y dirigió escénicamente esta ópera muchas veces en su calidad de director del teatro de Weimar. Quizás La Flauta Mágica para Goethe se tratara más de una auténtica bildungspiele que de una simple singspiele, si se me permite el juego de palabras.


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